Resumen
A nadie le ha sentado tan bien un overol como a Emilio. Aunque podía asumir los protocolos de la formalidad, vivía con la campechanería rebelde de quien se despierta con los primeros gallos en una ciudad donde sólo hay cláxones
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Extracto
Juan Villoro / La otra voz
Cuando Emilio Ebergenyi leía noticias en la radio algunos desastres se hacían tolerables sólo porque él los comunicaba. Ayer, al regresar de un largo viaje, me enteré de la única noticia que él no podría hacer tolerable. Su muerte inesperada provoca la sensación de que la realidad está fuera del aire. Conocí a Emilio en 1977, cuando se hi...
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