Sergio Aguayo / ¿Qué sigue? - 14 de Septiembre de 2016 - Reforma - México DF - Noticias - VLEX 648985069

Sergio Aguayo / ¿Qué sigue?

Autor:Sergio Aguayo
 
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Enrique Peña Nieto se desinfló y las instituciones vagan por el desconcierto. ¿Qué sigue? ¿Qué podemos hacer desde la sociedad para enderezar el barco?

Sobran propuestas. Algunas son sensatas y viables, otras, utópicas y abundan, de hecho, las oportunistas. ¿Cómo calificar la marcha del 15 de septiembre para reclamar la renuncia del Presidente? Se trata de una exigencia legal, legítima y pacífica que busca abrir la vida pública a la ciudadanía. Puede frenarse por las dificultades de convocar a un movimiento nacional, pero también puede articular un enojo real que acelere los cambios. En tanto sabemos lo que pasa me detengo en la reacción de los partidos.

Ha sido notable su indiferencia y desdén a esa u otras iniciativas que se salgan de la institucionalidad. Ellos se mueven en el fatalismo sexenal expresado en el curioso llamado de Andrés Manuel López Obrador a detener la "degradación" y el ninguneo a Enrique Peña Nieto. Nos pide que dejemos tranquilo al Presidente para que entregue en "orden" el poder y el futuro gobierno pueda "iniciar una etapa nueva". Esa defensa férrea de la institucionalidad ¿no lleva implícito el respaldo al pacto de impunidad?

En otras palabras, mientras buena parte de la ciudadanía espera transformaciones profundas y constatables, el grueso de la clase política sólo está dispuesta a hacer cambios administrados en pequeñas porciones aprovechándose, para ello, del efecto ralentizador que provoca la vecindad con la potencia estadounidense. A menos que aparezca un movimiento nacional, lo más probable es que continuemos con lentos avances y retrocesos. Así llevamos medio siglo. Suponiendo que seguimos por este camino, ¿cómo enfrentar con mayor efectividad los grandes problemas nacionales?

Una respuesta lógica está en la revisión de aquellos casos en donde los cambios han sido más profundos y sustentables. Tomo, a manera de ejemplo, la guerra contra el crimen organizado. Llevamos una década de violencia sin que los gobiernos nos presenten una propuesta de estrategia que conceda la misma prioridad a fragmentar los cárteles que a atender a las víctimas. Hablan y gastan mucho, mientras sigue la sangría.

Ante la escasez de resultados la sociedad toma la iniciativa en diversas partes de México. Altata Segura (Navolato, Sinaloa), Hagámoslo Bien (Monterrey, Nuevo León) y la Mesa de Seguridad y Justicia...

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