Ana Laura Magaloni / Inercia del pasado - 5 de Octubre de 2013 - Reforma - México DF - Noticias - VLEX 466867330

Ana Laura Magaloni / Inercia del pasado

Autor:Ana Laura Magaloni
 
EXTRACTO GRATUITO

Jueces y abogados tienden a repetir las conductas aprendidas y a reproducir las maneras de pensar e interpretar las normas jurídicas aunque cambie el contexto en donde operan. La resistencia al cambio de las instituciones de justicia es enorme. Ello explica por qué las democracias de fines del siglo XX -entre ellas la mexicana- se han topado con enormes dificultades para lograr que el cambio de régimen político vaya aparejado de un cambio del mismo calado en el ámbito jurídico. Si bien es cierto que las transiciones democráticas han significado la creación y reforma de un importante número de normas jurídicas e instituciones legales -comenzando por la Constitución-, la profesión legal, que es la que tiene que hacer operativas esas normas, ha sido formada bajo la sombra del autoritarismo. Sus formas de entender el derecho, de concebir la función jurisdiccional, de razonar jurídicamente están impregnadas de aquello que funcionó en el viejo régimen.

Uno de los ámbitos en donde más claramente se puede observar esta resistencia al cambio es en la justicia penal. Para muestra vale la pena echarle un vistazo al caso del sacerdote José Carlos Contreras, sentenciado a 33 años de prisión por los delitos de violación y homicidio de Itzachel Shantal González, alumna del Instituto Salesiano de San Luis Potosí. Hace unas semanas, la Primera Sala de la Suprema Corte le concedió un amparo liso y llano para que fuera liberado por falta absoluta de pruebas. El acusado pasó cuatro años en la cárcel. Lo que resulta dolorosamente escalofriante es observar cómo en un caso relevante y que tuvo mucha cobertura mediática en San Luis Potosí vemos al sistema de justicia penal de toda la vida. Es decir, mientras que el país se democratizó y se crearon muchas nuevas instituciones, el sistema de procuración e impartición de justicia se quedó inmóvil, en sus rutinas autoritarias, sus obscuras burocracias, sus papeleos y sus rituales absurdos. Como ha sucedido toda la vida, en este asunto el Ministerio Público se dedicó a ordenar diligencias y a acumular papeles sin tener una historia o una hipótesis de qué paso y por qué el acusado debía ser el responsable. La causa penal tuvo 8 tomos, casi 11,000 hojas, 218 pruebas conformadas por 175 declaraciones testimoniales, 35 informes periciales, 7 inspecciones oculares y una diligencia para localizar diversos objetos. Entre todo ese papeleo absurdo y sin sentido, la Corte determina que no hay ninguna evidencia que incrimine al...

Para continuar leyendo

SOLICITA TU PRUEBA