Contracorriente / Crónica de una tragedia anunciada - 12 de Julio de 2014 - Reforma - México DF - Noticias - VLEX 519347646

Contracorriente / Crónica de una tragedia anunciada

Autor:Farid Kahhat
 
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Cuando tres jóvenes israelíes fueron secuestrados y asesinados en Cisjordania, el Primer Ministro israelí, Benjamin Netanyahu, culpó directamente a Hamas, pese a que esa organización - que siempre ha reivindicado sus acciones - negó toda participación en el hecho, y a que el crimen fue reivindicado por otras organizaciones, incluyendo el denominado Estado Islámico en Irak y el Levante.

Pero, cuando poco después, un joven palestino fue secuestrado y asesinado en Jerusalén oriental, su Gobierno concedió en las investigación inicial el mismo peso a la hipótesis de que se trataba de una venganza perpetrada por ciudadanos árabes de Israel, que a la hipótesis según la cual el homicidio fue obra de ciudadanos judíos de Israel, pese a que no había evidencia de lo primero, y existían claros indicios de los segundo.

Ello ocurría en un contexto en el cual Hamas había acordado con Al Fatah, la más importante organización política palestina, la formación de un Gobierno de unidad nacional en los territorios ocupados bajo autonomía palestina. Ese acuerdo comprometía a Hamas a no emplear la violencia como medio de acción política.

Dados sus antecedentes, son comprensibles las suspicacias que despertaba ese compromiso. Pero resulta verosímil cuando se recuerda que esa organización no suscribió ese compromiso como producto de la convicción, sino más bien de la necesidad: Hamas abandonó su alianza con los regímenes de Siria e Irán al iniciarse la guerra civil siria, para abrazar como nuevo aliado al Gobierno de los Hermanos Musulmanes en Egipto.

Poco después ese Gobierno fue derrocado por un golpe de Estado, con lo que Hamas quedó aislada tanto política como geográficamente en la franja de Gaza, en donde el cerco israelí es calificado por la ONU como un castigo colectivo contra la población civil.

Es decir, Hamas suscribió el acuerdo de unidad desde una posición de debilidad. Y ese acuerdo fue repudiado por grupos radicales tanto palestinos como regionales, que serían los principales interesados en sabotearlo.

El secuestro y asesinato de los jóvenes israelíes parece materializar esa intención. Pero conscientes de esa intención, las partes (el Gobierno israelí y el Gobierno de unidad palestino) podrían haber evitado que el sabotaje fructifique, colaborando para encontrar y sancionar a los culpables, evitando así una escalada.

El problema es que una de las partes (el Gobierno israelí), comparte de manera explícita el objetivo de los saboteadores, es decir...

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