Editorial - 15 de Abril de 2000 - Reforma - México DF - Noticias - VLEX 80949852

Editorial

Autor:Jorge Alberto Hidalgo Toledo
 
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Hace unos días circulaba frente a una universidad de gran prestigio en la ciudad de México cuando vi un anuncio impreso en una manta que decía: Taller y curso garantizado de imagen, estilo, buen gusto, modales, valores, etc. Tiempo máximo 40 horas.

Tomé nota del número telefónico para tratar de indagar quién es el "ser maravilloso" que puede presumir dar una formación axiológica en un lapso tan breve de tiempo. Al pedir informes, me hicieron partícipe del objetivo general del curso: "invitar a los jóvenes a seguir sus inclinaciones naturales para lograr un desarrollo armónico y completo, ya que poseen una tendencia innata a la bondad. De este modo se formaría en ellos espontáneamente un sistema completo de valores".

Tal ambigüedad en la respuesta me hizo recordar los cientos de casos estatales donde se ha experimentado tal "sistema formativo" y lo único que se ha conseguido es un aumento en los índices de criminalidad, delincuencia, abuso de drogas, violencia y promiscuidad sexual.

Por qué me atrevo a citar tales consecuencias casi apocalípticas; porque para este grupo de "educadores" parece que no ha quedado claro que para vivir de manera feliz y honesta se necesita de un sistema de valores que esté más allá de las tendencias espontáneas y del permisivismo desenfrenado.

Retomemos por un momento a Aristóteles, quien solía definirnos -a la especie humana como el animal racional que actúa siempre movido por un fin. Cuando percibimos algo bueno, nos sentimos impulsados a actuar para conseguirlo. Nuestra percepción puede ser conforme a la verdad; pero también cabe el error. Por ello, los valores juegan un papel decisivo en nuestras decisiones; forjan nuestro carácter y...

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