Eduardo Caccia / Dolor de la memoria - 24 de Febrero de 2019 - Reforma - México DF - Noticias - VLEX 768606673

Eduardo Caccia / Dolor de la memoria

Autor:Eduardo Caccia
 
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En cierta forma todos somos arqueólogos de nuestra infancia. Nos gusta escarbar en los recuerdos, ese depósito caprichoso y selectivo que llamamos memoria, como para tomar aire y avanzar en el presente. En mi caso, y tal vez en el de muchos, ese viaje al pasado ejerce un magnetismo permanente, una sensación contradictoria entre felicidad y tristeza, ahí, justo ahí donde habita la nostalgia, esa calle de la felicidad triste.

Una combinación agridulce siento cuando recorro mentalmente mi infancia mientras camino por las calles de las dos colonias que me marcaron, Condesa y Roma, espacios que son un viaje al pasado y un recorrido en dos dimensiones, porque uno siempre ve lo que hubo ahí pero ya no está; sin duda el cerebro es el editor de nuestra realidad.

En el corazón de esa nostalgia viven la avenida Ámsterdam y el Parque México, con sus bancas de concreto que emulan troncos y tejabanes capaces de resistir el paso de los siglos. De pronto vuelve a estar en la esquina la sedería de donde ansiaba una pelota de esponja, el sastre que siempre saludaba a mi abuelo entre telas y un fuerte olor a puro con el que soplaba su acento español, también la peluquería y la tienda de los Burakov donde mi papá nos compraba "pan de queso", o la Iglesia de la Coronación, de la cual mi abuelita me aseguraba que una mano negra apagaba las velas. Cierro los ojos y veo el Buick enorme, verde sapo, de mi mamá, y la calle se llena de Opels, Valiants y "cocodrilos" mientras corro por los pasillos del Mercado Medellín con su olor a carnicerías y una que otra imponente cabeza de marrano, evidencia de un cuerpo ausente, cortado en pedazos y exhibido detrás de una vitrina.

Roma, la película que ha acaparado la atención, la polémica y la crítica en los últimos meses, mucho tiene de ese viaje arqueológico, no sólo para Alfonso Cuarón (quien seguramente hoy ganará el Óscar al mejor director) sino para muchos quienes hemos vuelto a las azoteas donde vivía la servidumbre, entre lavaderos, cubetas, jabones y jaulas con ropa tendida al sol. Quizá por evocar tanta nostalgia (del griego nostos, regreso, y algos, dolor) sea una cinta tan acogida en el mundo. Más allá de una colonia en la Ciudad de México, Roma es el regreso doloroso que todos alguna vez experimentamos al pisar el pasado. No hay nostalgia sin viaje, la película retrata (magistralmente) ese dolor que hay en...

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