Escalera al cielo / Un ilustre desconocido - 23 de Marzo de 2014 - Reforma - México DF - Noticias - VLEX 499989898

Escalera al cielo / Un ilustre desconocido

Autor:Christopher Domínguez Michael
 
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Lo traducen los franceses (y lo ignoran en inglés, como es usual) y el conocido filósofo Franco Volpi (1952-2009) prologa la más reciente edición de los Escolios a un texto implícito (Atalanta), con una entrada como la que sigue, escrita de buena voluntad, pero que muestra las habituales malas maneras de quien desconoce el orbe hispanoamericano: "Hay escritores que parecen provenir de la nada, que brotan imprevisiblemente de ambientes que les son ajenos, sin haber sido preparados por nada ni por nadie, sin precedentes, sin pertenencias o señales de reconocimiento útiles para definirlos. Excéntricos, incómodos, irregulares, son inclasificables e inconfundibles".

El secreto Gómez Dávila, sin duda, ya no es nuestro. Muy lejanos quedaron los tiempos en que Álvaro Mutis le susurraba su nombre a Juan Gustavo Cobo Borda y a Adolfo Castañón, escribiendo, los tres, elogios de quien era llamado el Nietzsche o el Cioran colombiano. En boca de todos, el secreto, lejos de esfumarse, se volverá sentencia, lo cual hiere a la vanidad de quien se creía tres veces iniciado, pero es justicia pura para quien habiendo podido callarse, guardando para sí su sabiduría, prefirió no hacerlo. Comunicó lo incomunicable.

Volpi, al hablar de la laboriosa génesis del escoliasta, menciona desde luego al teócrata Donoso Cortés entre sus muy reaccionarios ancestros peninsulares, pero no dice lo obvio, que así como la ortodoxia rumana, ansiosa de una Guardia de Hierro, tenía que purificarse engendrando a un Cioran, América Latina, uno de los laboratorios de la Contrarreforma católica no podía sino hacer nacer a Gómez Dávila, el ilustre desconocido, el reaccionario perfecto, el familiar de De Maistre. No, Gómez Dávila no salió de la nada. Quizá no hubiera podido salir de ninguna otra parte que no fuera de la inesperada y alta Bogotá, como el cosmopolita Borges, se ha dicho tantas veces, tenía que ser argentino.

Aparecida hace pocos años, la nueva edición de los Escolios a un texto implícito no había llegado a mis manos y me conformaba yo con el par de tomos colombianos que Castañón me regaló en Tlayacapan en el 96. De las "Notas" de Gómez Dávila, Franco Volpi se surte para ordenar su vasto legado aforístico, como cuando dice que ante el cuerpo de la mujer, "aspiramos a una posesión demoniaca, pero solamente hacemos el amor" o cuando este conservador antiuniversitario y antimoderno, católico y anticonciliar, se descubre ante Tocqueville: "Ninguna especie política me seduce...

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