Luis Gabriel Valencia López 'El Flama': Una vida de mentiras y protección - 14 de Mayo de 2000 - Reforma - México DF - Noticias - VLEX 80967639

Luis Gabriel Valencia López 'El Flama': Una vida de mentiras y protección

 
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Enfoque / Especial

Origen es destino. Luis Gabriel Valencia López nació en Santa Cruz Quechulac, Puebla, cerca de una laguna que, de acuerdo con los pobladores, es el cráter de un volcán; 25 años después, los medios lo apodan "El Flama". Desde niño se distinguió por cometer pequeños hurtos, solapados desde la autoridad familiar; hoy funge como testigo clave de la procuraduría de justicia que encabeza el gobierno perredista en la capital.

Ayer, un modesto ladrón a pequeña escala. Hoy, pieza clave de un proceso penal que documenta los modos y usos de cómo se imparte la justicia en el país.

Los dichos de quien fungiera como cocinero de los hermanos Amezcua, conocidos como los "reyes de las metanfetaminas", mantienen en la cárcel a un patiño de televisión, a una edecán y a un presunto asesino a sueldo, acusados por el homicidio de un locutor cuyo caso ha representado el mayor desafío para el procurador de un gobierno de oposición que se comprometió con el cambio.

La historia de Francisca Zetina parece repetirse. "La Paca" fue testigo de la Procuraduría General de la República que encabezaba el panista Antonio Lozano Gracia en la investigación del asesinato del dirigente priista José Francisco Ruiz Massieu. Su declaración sirvió para desenterrar restos humanos en una finca de Raúl Salinas, que en un principio se atribuyeron a Manuel Muñoz Rocha, ambos acusados de la autoría intelectual del crimen. En febrero de 1997, la "vidente" fue sentenciada a seis años de prisión por falsedad en informes dados a una autoridad distinta a la judicial, encubrimiento y violación a las leyes de inhumación y exhumación.

"Todos lo queríamos. Era el consentido"

A dos horas de la capital poblana está Quechulac, población enclavada en una zona árida y calurosa donde sólo es posible sembrar maíz, frijol y magueyes.

Ser la cuna de Valencia López ha situado a esta tierra como objeto del acoso de los medios de comunicación. Por ello, los pobladores reciben a los visitantes de forma agresiva y hostil. "¿Qué buscan aquí, qué quieren?", grita uno de los vecinos de la casa donde habitan sus familiares, cada vez que un extraño se acerca a la vivienda.

Muchos dicen conocer a "El Flama", pero se niegan a dar mayor información, incluso su propia familia. Sólo algunos se atreven a ofrecer su testimonio sobre los años que convivieron con el ahora recluso, nacido en esta comunidad poblana el 13 de mayo de 1975.

Reacia a dar su versión, una cercana familiar de Valencia López accede a contar detalles de la infancia y juventud del hoy célebre recluso, a condición de mantenerse en el anonimato.

Desde pequeño contó con la protección de sus parientes cercanos, por ser el primogénito. Sus padres, Yolanda López Toxqui, profesora de primaria, y Jorge Valencia Zapata, un campesino de la región, se separaron cuando Luis Gabriel apenas contaba con un año de edad.

Como su madre se dedicó de tiempo completo al magisterio y su padre se mudó a un pueblo cercano, la formación de Luis Gabriel corrió a cargo de su abuelo y de sus tías. La ausencia paterna nunca fue cubierta y, de hecho, la relación madre-hijo en la actualidad es prácticamente nula.

"Cuando fue aprehendido por primera vez, ella trató de sacarlo. Creo que lo fue a ver una vez en donde está ahora, pero nada más. A veces, cuando me habla, él pregunta por su mamá. Le preocupa, pero pareciera que a ella no. A veces ella me dice: 'El se lo busco, él que lo pague'. Yo la noto muy fría hacia su hijo", asegura su pariente. Y aún recuerda su primer cumpleaños. "Fue el más bonito de todos. Era el primer nieto, el primer sobrino. Todos lo queríamos".

Su personalidad delictiva comenzó a forjarse debido a las concesiones familiares que gozó dada su condición de primer descendiente.

"Cuando Gabriel tenía como nueve años", recuerda su pariente, "frente a la casa (en Quechulac) vivía una señora con la que él iba muy seguido. Como a sus abuelos les gustaba hacer quesos y tener frijol y otras semillas, él se las robaba y se las llevaba a la señora. Aunque su abuela se daba cuenta, nunca lo regañó ni le dijo nada. Era el consentido".

Asegura que desde su infancia "El Poblano", como también se le conoce de acuerdo con las actas ministeriales, fue de carácter violento. "Su abuelo se lo llevaba al campo y a él no le gustaba ir, porque siempre se peleaba con uno de sus tíos y un primo que son de su edad. A él nunca lo reprimieron. El hacia lo que quería.

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