Gabriel Zaid / Chapulinato - 25 de Marzo de 2018 - Reforma - México DF - Noticias - VLEX 706724249

Gabriel Zaid / Chapulinato

Autor:Gabriel Zaid
 
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Juan Sánchez Azcona usó la palabra porfiriato para referirse al régimen de Porfirio Díaz en su periódico México Nuevo (1909-1910), que acabó clausurado. Secundó el movimiento de Francisco I. Madero, del cual después fue secretario particular. Pero Madero no usa porfiriato en su libro de 1908 La sucesión presidencial en 1910. Sánchez Azcona (o quien haya sido el inventor) pudo haberse inspirado en la palabra virreinato.

Alfonso Reyes (XXII, 437-439) dice que porfiriato era un neologismo de uso ocasional hasta que Daniel Cosío Villegas lo popularizó. Sugiere otro modelo: triunvirato. Tanto triunvirato como virreinato y porfiriato se usan como nombre del período histórico correspondiente a un régimen político.

En 1911, el porfiriato terminó con la renuncia del presidente Díaz ante la revolución. En 1928, cuando Plutarco Elías Calles terminó su presidencia, y el sucesor electo (Álvaro Obregón) fue asesinado, decidió retirarse a una posición por encima de los presidentes, y se llamó a sí mismo Jefe Máximo de la Revolución. Se habló entonces de un maximato, que duró hasta 1936, cuando el presidente Cárdenas lo expulsó del país. Muchos años después, hubo un presunto salinato de Carlos Salinas de Gortari, pero terminó antes de empezar, porque su candidato a sucederlo (Luis Donaldo Colosio) fue asesinado en 1994.

Los gabinetes presidenciales en México siempre han sido inestables, pero en el siglo XX los cambios se hacían desde arriba. El presidencialismo no toleraba que los aspirantes se movieran por su cuenta. Había reglas no escritas, pero imperiosas: "Nadie le dice No al Señor Presidente", "Nadie le renuncia al Señor Presidente", "Todo se perdona, menos la traición". En particular, para los aspirantes a subir: "El que se mueve, no sale". La autopromoción era discretísima y peligrosa. Se consideraba insubordinación.

Hace unos años, cuando empezó la autopromoción descarada y el salto de unos puestos a otros por iniciativa propia, la nueva realidad no tenía nombre. Para señalarla, se habló de chapulines, quizá porque el chapulín de milpa (Sphenarium purpurascens) da saltos descomunales para su pequeñez. La metáfora contrasta con la tradición sumisa del presidencialismo, en el cual los ascensos se esperaban mansamente de un sexenio a otro; aunque también se daban en el mismo sexenio, por necesidades del Señor Presidente, que movía sus piezas.

En el chapulinato hay...

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