Juan Villoro / El lujo de ser vagabundo - 3 de Abril de 2015 - Reforma - México DF - Noticias - VLEX 563331926

Juan Villoro / El lujo de ser vagabundo

Autor:Juan Villoro
 
EXTRACTO GRATUITO

Los mexicanos tenemos una idea grandiosa del extranjero. Un tío mío usaba esta expresión antes de salir del país: "Me voy a lo asfaltado", anunciaba, como si México fuera un terregal.

Acostumbrados a una vida con apagones y sin calefacción, imaginamos que en los departamentos de Nueva York, París o Londres todo transcurre según los esmerados códigos del confort.

Escribo esta columna con el propósito moral de alertar sobre las incomodidades del desarrollo. Los lugares chic no eliminan las molestias de la vida diaria; sólo las relativizan. Lo que en otras urbes es un horror, ahí se presenta como un impuesto por disfrutar del bienestar.

En 2011 fui a dar clases a Estados Unidos y alquilé un departamento en Manhattan a un amigo que se iba por unos meses a Venecia. Él tenía prohibido subarrendar su loft. Fingió que yo era su primo, no hicimos contrato alguno y propuso que le pagara "una miseria". Como sabía que soy mexicano, antes de mencionar la cifra, preguntó: "¿Estás sentado?". Hizo bien en prepararme. Aquella cantidad "ínfima" se parecía a los intereses de la deuda pública de un país centroamericano. Consulté con amigos que viven en Nueva York y todos coincidieron en que esa fortuna era una ganga.

Al llegar al departamento, vi un rectángulo de poliuretano sobre la cama. No podía tratarse de un alarde decorativo y, en efecto, no lo era. "Quitaron el aire acondicionado y así taparon el hoyo", me explicó el portero. El resto de mi estancia se convirtió en una lucha contra el hoyo.

La primera sorpresa fue que a ningún amigo neoyorquino le llamó la atención el desperfecto. "¿Cuántos metros tiene tu departamento?", preguntaban. La respuesta los llevaba a una reacción francamente molesta. Por ese espacio y esa renta, ellos aceptarían vivir con cinco hoyos en la pared. Dejé de hablar del tema para no parecer puntilloso.

Pero se acercaba el invierno y tenía que tapar el hueco antes de convertirme en un salmón de supermercado. Como buen mexicano, no pensé en llamar a un especialista en agujeros, sino a un "milusos", una persona capaz de cualquier chamba. Sondeé el terreno de la economía informal y supe que en Nueva York los hombres prácticos cobran como instaladores de arte contemporáneo. Esa cotización me dio una idea: pedirle ayuda a un amigo escultor.

Durante décadas, Brian Nissen ha pasado parte del año en...

Para continuar leyendo

SOLICITA TU PRUEBA