La Milarca: el sueño del coleccionista - 23 de Noviembre de 2014 - Reforma - México DF - Noticias - VLEX 545056962

La Milarca: el sueño del coleccionista

Autor:Daniel de la Fuente
RESUMEN

ARTE. No sólo de arte y antigüedades están conformados los acervos del panista Mauricio Fernández Garza, sino también de tempestades, polémicas y extravagancias. Ahora plantea abrir su colección y convertir su casa en museo

 
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FOTOS: ENRIQUE ZAMARRIPA

San Pedro Garza García.- Para tener una aproximación al dos veces alcalde de San Pedro Garza García, en Nuevo León, Mauricio Fernández Garza, habría que contemplarlo en su territorio más íntimo: La Milarca, residencia que empezó a construir hace 40 años en lo alto de la Sierra Madre Oriental y que poco a poco ha convertido en un fuerte para el arte y la cultura de diversas civilizaciones.

A tal punto es la riqueza del espacio y piezas que contiene -conjunto que el arquitecto japonés Tadao Ando calificó de Patrimonio Cultural de la Humanidad- que el panista intenta volver su casa en la Colonia Pedregal del Valle un museo de carácter privado, lo que hadesatado resistencia entre vecinos, pues temen un tránsito inusual de visitantes en esta zona exclusiva del municipio más rico de México.

Tras pasar el portón y recorrer un sendero fuertemente vigilado por gente con armas largas, se llega a la residencia del ex Senador por Nuevo León, construida con arcillas del municipio de García, cal apagada, paja, majada de caballo, barros naturales y ni una gota de pintura. Una parte del piso procede de un puente ferroviario que mandó construir Porfirio Díaz y hay que ingresar encorvado al vestíbulo dado que la puerta, una de las 60 de la casa y que perteneció a un convento, es muy pequeña.

Adentro, ya en el recibidor de la casa diseñada por el arquitecto Jorge Loyzaga, la primera parte de la exhibición impacta por su diversidad: una calcita china de un millón de años, una pintura hecha por David Alfaro Siqueiros cuando estuvo preso, fósiles de pescados, dos obras de José Clemente Orozco, la foto de la niña afgana de ojos inmensos publicada en National Geographic y firmada por Steve McCurry. A partir de ahí, laberintos llenos de decoración.

"La casa está hecha muy fuera de la arquitectura sajona o americana", comenta Mauricio con su peculiar tono hosco, aunque conversador y accesible.

"Tú entras a una casa y sabes dónde están la cocina, la sala, las recámaras, pero aquí no sabes dónde está nada".

La Milarca parece una metáfora de lo que ha sido la vida, pero sobre todo las inquietudes, del protagonista del documental El Alcalde: un enigma.

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En la casa, Mauricio y su esposa, Norma Zambrano, desplegaron de piso a techo un árbol genealógico en común. Ahí, Norma, de quien actualmente está separado, mandó colocar fotos de la parentela, algunas de las primeras imágenes capturadas por una cámara.

Al describir las piezas exhibidas en su casa, es común que el ex edil subraye que es "lo más antiguo", "lo más grande" o "lo primero en su tipo".

De alguna manera, su afán por lo sin precedente es genético. Su familia tiene un momento clave con el bisabuelo Isaac Garza, quien inició con otros a fines del siglo XIX la Fábrica de Hielo y Cerveza Monterrey, más tarde Cervecería Cuauhtémoc, cuyo auge llevó a Isaac a concentrarse en negocios que detonarían el Grupo Monterrey.

La madre de Isaac era dueña de buena parte de los terrenos de la Colonia Obispado, en Monterrey, donde residía la aristocracia antes de mudarse a la Colonia del Valle, en San Pedro. En aquel sector aún existe en el 123 de la Calle México la casa de muros móviles y vidrieras de alabastro en la que Mauricio vivió hasta los 4 años. Él, nacido el 12 de abril de 1950, es el segundo de los siete hijos de Márgara Garza Sada, hija de Roberto y nieta de Isaac, y Alberto Fernández Ruiloba, fundador del PAN en Nuevo León y dueño junto a su familia de Pigmentos y Óxidos, S.A.

Mauricio se describe a sí mismo como un chiquillo pegado a su madre, "muy acelerado, anticipado". Cuenta que a los 10 u 11 años salía de noche y a escondidas con los policías "panzones" de San Pedro a cerrar cantinas y a sorprender a parejitas en rincones. Su primer "grupo rudo".

Los oficiales no sólo lo dejaban portar armas: escopetas, ballestas, arcos, una Colt .22 y, su favorita, una .38 especial, sino que él les vendía armas. A Mauricio le divierten aquellos años...

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