Del patíbulo al celuloide - 27 de Marzo de 2011 - Reforma - México DF - Noticias - VLEX 264395126

Del patíbulo al celuloide

Autor:Dalila Carreño
 
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Su vida parece de película. De hecho, ya hay un guión apoyado por el Instituto Mexicano de Cinematografía para llevar su historia a la pantalla.

Acusado de homicidio en Chicago, el mexicano Mario Flores Urbán esperó a ser ejecutado durante 18 años. En ese tiempo estudió derecho por correspondencia, ayudó a liberar a 13 de sus compañeros condenados a la pena máxima, se convirtió en pintor y logró exponer en Europa, México y Estados Unidos.

Mario era el tercero en la lista de reos que serían ejecutados, cuando el gobernador George Ryan otorgó una moratoria a las penas de muerte.

Antes de pisar la cárcel había tomado clases de álgebra e inglés con Michelle Obama y hasta fue la esperanza olímpica estadounidense en clavados para los Juegos de Seúl en 1988.

Entre la pandilla y el deporte

En 1972, cuando emigró a Chicago con sus padres, su pasatiempo favorito era jugar con la nieve. Tenía siete años y sus primeros amigos fueron dos jóvenes que vivían en la misma cuadra.

Uno de ellos era hermano del jefe de los Latin Kings, una de las bandas más peligrosas de Humboldt Park, el barrio donde vivía.

Los tres amigos empezaron a irse de pinta, robar bicis y coches. Sabían que convertirse en maleantes era el único camino para ser respetados. Así pasaron seis años.

A los 13, Mario se enfrentó por primera vez a la cárcel. Conducía un Datsun robado cuando el policía Reynaldo Guevara, de origen puertorriqueño, le marcó el alto. Sus dos acompañantes escaparon y él acabo en el Centro Tutelar.

Fue la primera ocasión en que el mexicano estuvo frente a Guevara, pero no la única.

"Nunca debí de haber ido al centro de detención, porque por coche robado no te mandan", dice.

Aun así, pasó 30 días encerrado. La policía lo golpeó para que delatara a sus amigos, pero no lo hizo.

"Al salir yo ya era más respetado", asegura.

Tras ese incidente, sus padres quisieron inscribirlo en la prestigiosa escuela Whitney Young para alejarlo de ese ambiente.

Y aunque no tenía el promedio para ser aceptado, su habilidad en futbol le dio el pase automático.

"Mis hermanas estudiaban ahí y hablaron con el director". Y como necesitaban buenos atletas, le dieron una oportunidad.

También lo invitaron al equipo de natación donde su entrenadora le sugirió que podría desarrollarse mejor como clavadista.

No se equivocó. En un par de años, Mario ya era campeón de La Liga de Escuelas Públicas de Illinois. Incluso, en 1983 quedó en cuarto lugar a nivel estatal.

"Los entrenadores comentaban: 'tiene una habilidad increíble'", recuerda.

Lo mismo decían las 10 mejores universidades de Estados Unidos, que le ofrecían becarlo.

A sus 17 años, Mario aparecía en diarios como el Chicago Sun Times y el Chicago Tribune. Hablaba de sus ganas por competir en los Juegos Olímpicos de Seúl.

"Salía en medios como la esperanza de la comunidad mexicana, como migrante, de representar a EU. Nunca me tatué ni usé drogas. Eso me ayudó para no caer en malos pasos. Siempre pensé en la medalla de oro".

Pero ése fue el inicio de una serie de sueños frustrados.

Contacto con Michelle Obama

Al final de las clases, entrevistas y clavados, cada noche Mario regresaba a su barrio.

"El autobús que me llevaba de la alberca a la casa paraba en la mera esquina donde estaban los de la pandilla".

Por las noches, Mario se iba de fiesta con ellos. Ese ritmo de vida provocó que, cuando iba en segundo de preparatoria, reprobara tres materias. Pensó incluso en salirse de la escuela.

"Había puro nerd y yo quería estar en otra prepa, con los cuates, pero el director dijo que no, que mejor me pondría una tutora".

La casualidad hizo que quien le ayudara a elevar sus calificaciones fuera una joven, Michelle Robinson, quien en noviembre de 1992 cambió su apellido por el de su esposo: Barack Obama, que 16 años después fue electo presidente de Estados Unidos.

"Ella me dio álgebra, gramática e inglés, que se me complicaba mucho. Pero era después de clases y me tenía que quedar 45 minutos más durante tres meses".

En septiembre de 1983 su carrera deportiva iba en ascenso...

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