Sergio González Rodríguez / Teoría del duende - 14 de Julio de 2013 - Reforma - México DF - Noticias - VLEX 449058278

Sergio González Rodríguez / Teoría del duende

Autor:Sergio González Rodríguez
 
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El filósofo Giorgio Agamben apunta que, en la actualidad, el hombre ha devenido en el animal de la máquina. Trascendida la ingenuidad en torno de la revolución tecnológica en la vida cotidiana que se expresó desde la última década del siglo anterior hacia el presente, resulta posible encarar el fenómeno del vaciamiento del mundo que implica el ascenso de la era transhumanista al inicio del siglo 21.

Aquello alude a la expulsión del fervor en la cultura que ha citado Adam Zagaweski. El espíritu oculto de las cosas de que hablaba Federico García Lorca se ha visto desplazado al igual por el ascenso del materialismo (inmaterializado) de los tiempos recientes. Ochenta años atrás, García Lorca ofreció su conferencia Juego y teoría del duende en la Sociedad de Amigos del Arte de Buenos Aires. Al reeditarla en 2010, Editorial Nortesur de Barcelona ha acompañado dicho texto con Como canta una ciudad de noviembre a noviembre sobre Granada y Canciones de cuna españolas. La obra se lee ahora como una carta de navegación hacia un universo perdido que, sin embargo, mantiene su vigencia para quien sepa comprenderlo.

La formalización extrema de acto imaginativo, consustancial al papel de interfase que debe jugar la aportación humana ante los sistemas y aparatos que se ubican en el centro del modelo civilizador, educativo y de comunicación de la actualidad, ha hecho que las propuestas del arte, la literatura, la música y el cine se inclinen cada vez más a las soluciones multimedia o interconectadas, donde la función de performance se quiere grado de excelencia y las pulsiones se inscriben en el orden de las máquinas, reales o virtuales.

El estatus postliterario, por ejemplo, se invoca en tanto alienación más inconsciente que consciente de la persona creadora hacia el sistema, que, desde la ideología ultracontemporánea, otorga los valores y prestigios, las premiaciones y los reconocimientos. Es decir, la globalidad cultural, las telecomunicaciones, sus productos y servicios, la ausencia de atributos locales a favor del cosmopolitismo de la masa (el furor estetizado de la tríada arte-diseño-espectáculo), el descrédito de la cultura local-nacional, el impulso nómada en sincronía con la velocidad común, la ausencia de misterio que se ve reemplazada por las revelaciones de la ciencia, el anhelo de visibilidad vasta y la tecnofilia que hace renacer un nuevo siglo de las luces sobre la base de la utopía del consumo aquí y ahora.

Como parte del vaciamiento del...

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