El último viaje - 30 de Octubre de 2016 - Reforma - México DF - Noticias - VLEX 652156733

El último viaje

Autor:Andro Aguilar
 
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Foto: Enrique Ortiz

La "causa natural" es la menos natural de las maneras de morir en el México del siglo XXI.

Enfermedades crónicas, males prevenibles, accidentes de tránsito, suicidio, asesinato e incluso la desaparición forzada se imponen como formas habituales que ponen fin a nuestros días.

Los mexicanos, famosos por celebrar la muerte y rendirle un culto histórico, en realidad toman distancia de ella.

Pocos llevan a cabo trámites jurídicos de voluntad anticipada, testamento o donación de órganos.

"Pensar la muerte" fue el título de un coloquio organizado por El Colegio Nacional en la tercera semana de octubre, que congregó a algunos de los pensadores más brillantes del país.

Analizada desde la ciencia, el arte, el derecho, la medicina, la filosofía o la ética, la muerte revela algunos de sus misterios.

Foto: Enrique Ortiz

ARQUEOLOGÍA

Eduardo Matos Moctezuma

El autor de Muerte al filo de obsidiana: Los nahuas frente a la muerte explica que en Mesoamérica, como en diversas culturas, la negación del hombre a morir lo ha llevado a la búsqueda de perdurar en la Tierra a través de la creación de sitios donde pueda trasladarse después de la muerte.

A diferencia del cristianismo, entre los mexicas, el lugar donde llegarían las almas de los muertos no tiene un orden moral, no estaba determinado por haber actuado "bien" o "mal", sino por la forma de morir.

Los guerreros que morían en combate tenían el privilegio de acompañar al Sol, al igual que las mujeres muertas durante el parto, considerado también una gran batalla. Ellas acompañaban al Sol, pero no desde el amanecer, sino a partir del mediodía y hasta el ocaso.

La muerte en la cultura mexica fue un factor determinante de diferencia entre las deidades y los hombres, por lo que los primeros, en su mayoría, eran inmortales o podían resucitar.

De acuerdo con investigaciones de la arqueóloga Ximena Chávez, los antiguos mexicas eran cremados o inhumados, con tres intenciones: que los vivos socialicen la pérdida de los seres queridos, que la parte inmaterial del muerto vaya "al más allá" y para disponer del cadáver.

Aquí también había diferencias: la inhumación correspondía a los fallecidos por causas relacionadas con el agua y para quienes morían por enfermedad o vejez pero que eran incapaces de costear rituales tan fastuosos.

Eran cremados, en cambio, sólo los integrantes de la élite gobernante y los guerreros. Además de que estos muertos eran provistos con objetos u otros seres que les facilitaran su tránsito al Mictlán; si eran cremados, el trayecto era más expedito.

ARTE COLONIAL

Gisela Von Wobeser

La presencia de la muerte en el arte virreinal, influida por la fuerte presencia del cristianismo, permeó las tradiciones que prevalecen en la actualidad.

La historiadora de arte Gisela von Wobeser especifica que la muerte plasmada en pinturas y grabados durante la Colonia representaba un peligro para el alma. En esos cuadros, se hacía evidente la conciencia de la brevedad de la vida, por medio de velas a punto de apagarse o relojes de arena.

Aunque en el presente se cree que la mayoría de las tradiciones sobre la muerte proviene de la época prehispánica, las calacas pintadas en los cuadros virreinales son de influencia europea.

La muerte durante el México colonial, enfatiza la investigadora, se hacía presente para recordar que la vida era sólo la antesala de otro mundo; un mundo paralelo determinado por la profunda religiosidad de la época, que hizo que la muerte se insertara en un escenario con las representaciones del cielo, el purgatorio y el infierno, con una disputa entre el bien y el mal.

Esta muerte colonial, en la mayoría de los casos, tenía una connotación moral, y buscaba recordar que en el catolicismo, cuando llega la hora de morir, los buenos irían al cielo y los pecadores, al infierno.

ARTE POPULAR

Carmen Vázquez Mantecón

Entre el siglo XVIII y el XIX, las celebraciones de Todos Santos y de los Fieles Difuntos cobraron su mayor auge en la Nueva España, a pesar de ser fechas celebradas desde la Roma cristiana y establecidas como fiestas oficiales en los siglos IX y XII, respectivamente.

Así lo determinan las investigaciones de Carmen Vázquez Mantecón.

Estas fiestas, cargadas de religiosidad, comenzaron a cobrar relevancia en el siglo XII, con las referencias del purgatorio por parte de la Iglesia Católica, ya que se convirtieron en una oportunidad de pedir por las almas de quienes aún purgaban una sentencia. Ambas fechas permanecen vigentes.

Los primeros documentos hallados por la investigadora que evidencian las dos fechas como conmemoraciones amalgamadas son posteriores a 1750.

Vázquez refiere que desde el siglo XVIII, en el México colonial, estos días fueron bulliciosos. Eran jornadas de paseo y de lucimiento, en los que se cocinaban platillos especiales.

A partir de ese siglo, el 1 de noviembre se cumplimenta a las reliquias de los santos y beatos. Había cuerpos de cera donde se incrustaban las reliquias y relicarios, con los nombres de los santos. En esa fiesta religiosa existía el elemento de la diversión y la alegría, con los llamados juguetes mortuorios y figuras de huesos de pasta de almendra. A principios de ese siglo comienza a cocinarse el pan de muerto que aún prevalece.

Los niños, en el siglo XIX, pedían en las calles su "tumba" o "calaverita", en un paseo que se realizaba intermitentemente en el Zócalo, con tribunas montadas en las que iban personas de todas las clases sociales.

Fue a finales de ese siglo cuando se consolidó la costumbre de adornar las tumbas en los panteones.

CRIMINALIDAD

Javier Sicilia

La muerte, señala el poeta y activista, se ha apoderado del sufrimiento de un país que ha perdido su vida política, social y humana.

La sociedad debe movilizarse para cambiar las condiciones tan violentas en las que se vive en México...

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