La verdad sospechosa - 2 de Noviembre de 2003 - Reforma - México DF - Noticias - VLEX 82003262

La verdad sospechosa

Autor:Antonio Saborit
 
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El trabajo en las fuentes, es decir, con los diversos materiales que guardan las bibliotecas y los archivos, ocupó la mayor parte de mi tiempo en los 10 últimos años. Me temo no ser la persona mejor calificada para contar lo que pudo haber sucedido en el campo de la historia en este tiempo. Desde dentro, no sólo no lucen igual las cosas: nada más no lucen. Por otra parte, demandan mayores pesquisas e indagaciones, preguntas nuevas.

Al levantar la mirada aparece un escenario en esencia evocativo en el que cuesta trabajo encontrar algo de interés, como si de pronto se recorriera el museo que describía Manuel Ugarte a principios del siglo 20: "Las grandes galerías claras y silenciosas, como salas de hospital, nos sumergen en sonambulismos extraños. El guardián dormita, sentado al pie de una columna. Por los vidrios polvorientos se filtra la luz del sol. Los escasos visitantes pasan indiferentes, haciendo sonar sus gruesos botines sobre los mosaicos y se detienen ante las mismas obras, con un gesto de aburrimiento, porque han venido, más que por venir, por poder decir que han venido. Desde la calle sube el vaho de la vida: gritos de mercaderes, ecos amenazantes de multitud que pasa. Por la ventana, abierta como un marco, se ve un recorte de cielo -la mejor de las telas. Los muros, ennegrecidos, abren sus grietas como arrugas de vejez. Los chapiteles, las cornisas y los bajo relieves, cubiertos de años y recuerdos, sonríen con sus egoísmos de historia. Parece que vivieran todavía su época en la nuestra, por un contrasentido de los sentidos. Y todo nos habla de la muerte".

El vaho de la vida de la llamada historia profesional está enrarecido. La especialización ha hecho lo suyo, desde luego, pero si el taller del tiempo acusa...

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